La batalla mañanera

Paola es una mujer como cualquier otra, joven, casada, y con un hijo, Luis, que adora con todo su corazón. Ella se esfuerza realmente por ser una buena mamá. Todos los días despierta a su hijo de la forma más cariñosa posible, le prepara una lonchera  sana  para el colegio y le cocina un delicioso desayuno.

Se esmera tanto cada mañana, con la esperanza de que Luis amanezca feliz y cariñoso, sin embargo la forma en la que reacciona su pequeño de 7 años la lastima profundamente y le provoca mucha preocupación y frustración. Cada mañana, cuando ella lo despierta, en lugar de recibir un somnoliento buenos días y un abrazo perezoso, él le dice con un tono bastante agresivo: "¿Por qué me despiertas mamá, que no sabes que no me quiero levantar? ¡Déjame en paz!"

Este escándalo, que se repite cada mañana, es sólo el inicio de lo que a Paola le parece una pesadilla de la que no puede despertar, ya que a partir de ese momento empieza una verdadera batalla campal. Luis parece vestirse en cámara lenta,  se distrae jugando y no quiere desayunar. Paola ya está cansada de escuchar cosas como "esta ropa no me gusta", "no tengo hambre", "ya sabes que no me gusta este cereal" "tú siempre me estás apurando" y casi siempre termina gritándole, algunas veces también le da un par de nalgadas.  Cuando Luis al fin se sube al bus, Paola se siente culpable y cuando el niño regresa del colegio, trata de compensar los pleitos de la mañana dejándole pasar cosas que sabe no debería permitir. En otras ocasiones se hace la ofendida, tratando así de que Luis cambie de actitud.  Ya lo ha probado todo: ser amorosa, exigente, empática, poner castigos, quitar beneficios, hablar fuerte, gritar, dejar de hablar y nada le ha dado resultados efectivos.

Por referencia de una buena amiga, Paola escuchó del Programa de Paternidad Positiva Triple P y decidió probarlo.  Después de pocas semanas se dio cuenta de las cosas que podían estar causando la mala conducta de Luis, aprendió formas para fomentar su buena conducta y herramientas para manejar de forma asertiva la mala conducta de su hijo. La rutina de la mañana tuvo un cambio enorme, Luis se mostraba dispuesto a colaborar y salía de la casa con una sonrisa en los labios.  

La semana pasada Paola se levantó a la hora habitual y cuando se dirigió a la habitación de Luis para despertarlo, se encontró con la sorpresa que estaba levantado y terminándose de vestir, y por si esto fuera poco, la respuesta que Paola recibió después de dar los buenos días, la dejó literalmente derretida, ya que Luis sonrió, corrió hacia ella a darle un abrazo y le dijo al oído ¡Te amo mami!
Hoy Paola se siente más segura y satisfecha que nunca en su rol de mamá y Luis es mucho más seguro e independiente . Otro caso más en el que con agrado podemos decir... ¡misión cumplida!

¡Pequeños cambios hacen grandes diferencias!

http://www.carmentocha.com/programa-triple-p.html