¡Socorro! Ya no hay armonía en nuestro hogar

Doris y Mauricio son una pareja joven con dos hijos, Francisco de 5 años y Beatriz de 3 año y medio. Hasta hace más o menos seis meses disfrutaban muchísimo de la paternidad, aparte de dificultades cotidianas normales, su vida familiar era muy armoniosa. Un día los citaron al colegio de Francisco para decirles que el niño les pegaba a sus compañeros sin motivo aparente. A partir de entonces escucharon quejas de este tipo con bastante frecuencia.

Los padres preocupados, compraron libros que explicaban a los niños, a través de historias, las consecuencias negativas de la violencia. Francisco parecía entenderloas, pero las quejas no cesaban. El ir a recoger a Francisco al colegio ya no les causaba alegría, sino muchísima ansiedad, ya que esperaban que la maestra les dijera que otra vez Francisco había agredido a algún niño. Cada vez que escuchaban una queja, trataban de hablar calmadamente con su hijo, pero parecía que la paciencia se les estaba acabando. Frustrados acordaron con las maestras que los actos de Francisco debían tener consecuencias, así que las maestras lo castigaban en el colegio y al llegar a casa, lo padres lo reprendían y le quitaban privilegios. De primero le quitaron la televisión por un mes, luego los juegos electrónicos por otro mes y así sucesivamente hasta que Francisco prácticamente no tenía cómo entretenerse en casa. Esto en vez de ayudar, empeoró la situación. Ahora Francisco empezó a pegarle también a su hermana. El ambiente en casa se tornó muy tenso, Francisco estaba de mal humor y los padres tenían la impresión de que lo regañaban todo el día.

Muy preocupados y con la esperanza de volver a tener una vida familiar armónica, los padres empezaron el Programa de Paternidad Positiva Triple P.  Como parte del diagnóstico, el programa comprende una visita a casa. Durante esa visita nos dimos cuenta de que los padres llamaban continuamente la atención a Francisco (porque no se sentaba bien en la mesa, porque botaba el tenedor, porque hablaba con la boca llena, etc.) y que dedicaban mucha de su atención positiva a la hermana menor.

Los padres empezaron a dar atención positiva a Francisco y pusieron reglas y consecuencias claras, pero inmediatas y de corta duración, para las conductas agresivas de Francisco. Mauricio empezó a pasar más tiempo con su hijo y a darle muchas demostraciones de afecto. Después de algunas semanas, Francisco se mostraba mucho menos agresivo y en una nueva entrevista con las maestras, éstas les indicaron a los padres que estaban muy satisfechas con los cambios positivos que había tenido Francisco. Las agresiones contra la hermanita tardaron un poco más en disminuir, pero al terminar el programa prácticamente habían cesado. La armonía había regresado al hogar de Doris y Mauricio.

¡Pequeños cambios hacen grandes diferencias!