Las rabietas de Marisa

Mario y Daniela siempre desearon tener una hija. Desde que nació, llenaron a Marisa de mimos y cariño. Cuando empezó a ir al colegio, la motivaron a dar siempre su mejor esfuerzo; sin embargo, la niña no parecía tener mucho interés en los estudios y se frustraba con facilidad. Conforme pasaron los años, los estudios se convirtieron en un tema de conflicto entre los padres y la niña.

Cuando Marisa tenía nueve años, Mario y Daniela se sentían muy frustrados y enojados porque, a pesar de todos sus esfuerzos y su amor, Marisa desobedecía abiertamente sus indicaciones, hacía rabietas, gritaba, somataba puertas y decía cosas hirientes. Parecía que su hija estaba siempre enojada e insatisfecha y que buscaba cualquier oportunidad para demostrarlo. Por otro lado, su rendimiento escolar no era bueno y los padres se sentían obligados a ayudarla en sus estudios, pero cada vez que la ayudaban terminaban peleando y ella hacía rabietas. La situación era agotadora para Marisa y Daniel ya que parecía que nada de lo que hicieran ayudaba. Le habían hablado, castigado, regañado, la habían puesto en tiempo fuera y habían tratado de motivarla con premios. ¿Qué estaban haciendo mal? ¿Qué más podían hacer?

Por amigos se enteraron del Programa Triple P de Paternidad Positiva y decidieron probarlo. Durante el Programa descubrieron que se habían involucrado en un juego de poder con Marisa y que era necesario salir de él.

Después de pocas semanas de aplicar las herramientas y estrategias que aprendieron, la conducta de Marisa empezó a cambiar. Entre otras cosas, cambiaron las amenazas y los mensajes que transmiten culpa por estrategias que promovieron el acercamiento emocional de los miembros de la familia. Empezaron a aplicar correctamente consecuencias lógicas en vez de castigos exagerados cuando Marisa hacía rabietas. Al concluir el programa Mario y Daniela disfrutaban otra vez su tarea de ser padres y se sentían seguros y capaces. Lo que más les alegraba era ver que Marisa no sólo estaba mucho más dispuesta a seguir sus indicaciones y prácticamente ya no hacía rabietas, sino se veía otra vez contenta y con una actitud optimista ante la vida.

¡Pequeños cambios hacen grandes diferencias!